Convivencia escolar

El Mercurio del sábado pasado (16 de agosto) informaba acerca de la agresión que sufrió una escolar de Illapel al interior de su colegio, por parte de dos de sus compañeras.

Estos comportamientos, que ocurren mucho más veces de las que cualquiera de nosotros quisiera, evidencia desde ya una forma, errada clara está, de convivir que puede decir mucho también de nosotros, los adultos.

Si bien la sana convivencia es el resultado de aceptaciones (y también de ciertas renuncias) mutuas, algunos de los resultados que hoy en día tenemos hablan de una cierta incapacidad de tolerar, de administrar nuestras frustraciones, y finalmente, de otorgarle un valor en sí mismo a convivir con el otro.

La pregunta, y con ello la reflexión, acerca de cómo y cuánto valoro los espacios propios de convivencia con los demás, creo que es una pregunta que nosotros los adultos también nos hacemos poco. Algunas insatisfaciones se vuelven amargura, algunas molestias se transforman en resentimiento, y van quedando ahí, en nosotros, en nuestras prácticas de diáolgo y comunicación. A veces incluso, pensamos que no se notarán, hasta que empezamos a observar noticias como éstas.

 

 

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